Antes de ser coach, fui ingeniero de sistemas, jefe de producción de datos, gerente de operaciones y líder de proyectos regionales. Trabajé seis años en una editorial multinacional a cargo del área de tecnología. Después, quince años en una de las dos empresas de investigación de mercados más grandes del mundo — donde pasé por seguridad informática, producción de datos, gerencia de múltiples departamentos y dirección de operaciones de una unidad de negocios regional dedicada a la investigación de audiencias y mercados.
Cuento esto porque define desde dónde escucho.
Sobreviví y participé en más de cuatro procesos de transformación organizacional y tres fusiones de empresas. Tuve jefes que me enseñaron mucho y otros que me enseñaron lo que no quería replicar. Viví culturas tóxicas, fracasos que me costaron años procesar y victorias que solo tienen sentido porque vinieron después de esas caídas. Emprendí por mi cuenta y fracasé. Volví a emprender.
Cuando un ejecutivo se sienta conmigo y me describe lo que vive en su organización — la presión del directorio, el equipo que no responde, la fusión que nadie pidió, la soledad del rol, la falta de tiempo — comprendo su narrativa porque a mi manera, la he vivido.
Lo que observo en los líderes que llegan a un proceso
La presión es constante, el margen de error es bajo, el negocio corre. En ese ritmo, la mente hace lo que tiene que hacer para sostener el paso: reduce, clasifica, decide rápido. Es una adaptación de supervivencia en un entorno exigente.
Y tiene un costo silencioso. Con el tiempo, el campo de visión se angosta. Donde antes había un matiz, aparece una categoría. Donde había una inquietud legítima de alguien del equipo, se lee resistencia. Donde había una señal del sistema, se lee un problema de actitud. Donde había una conversación pendiente, queda un silencio que ya nadie cuestiona.
Este costo viene del sistema en el que opera: cuando todo apura, mirar amplio es lo primero que se sacrifica. Y esa economía de la mirada, que en lo inmediato parece eficiencia, con los meses empobrece las decisiones y achica el futuro de la organización.
Mi trabajo empieza ahí: en el momento en que el líder empieza a sospechar que su forma de mirar el problema podría ser parte del problema.
Lo que hago
Creo un espacio protegido y confidencial donde el líder puede detenerse a observar. No la pausa de un fin de semana: la pausa de quien, luego de mucho tiempo, se observa a sí mismo mientras observa.
En ese espacio aparecen silencios que importan, y preguntas que emergen de la propia conversación. Cuando una de esas preguntas le hace sentido al líder, algo se mueve en su forma de ver. Ese cambio de mirada es el punto de inflexión: el líder pasa de mirar desde dentro de la caja —con las categorías que la urgencia y su narrativa le impusieron— a mirar desde una perspectiva más amplia, más sistémica, más integradora. Una mirada de drone: elevada, pero conectada con el terreno.
En este proceso las decisiones son del líder. Mi trabajo es acompañarlo en su exploración para realizar ese cambio de mirada antes de decidir.
Cuando el desafío va más allá de la conversación —implementar un sistema de gestión, ordenar el flujo de trabajo de un equipo, rediseñar cómo se estructura la organización— también acompaño ese proceso, con herramientas concretas y experiencia en metodologías como OKR, Kanban y diseño organizacional ágil. Pero incluso ahí el punto de partida es el mismo: primero observar, después actuar.
Es coaching profesional y riguroso, con estándares ICF. El conocimiento, el enfoque y las respuestas son del líder. Mi rol es sostener el espacio, hacer las preguntas y acompañar la exploración.
De dónde viene esta mirada
Estudié varios años de psicología antes de virar a la ingeniería. Soy técnico en redes y en reparación de equipos informáticos, ingeniero en sistemas informáticos, posgraduado en metodologías Lean-Agile, master in Digital Project Management con foco en transformación organizacional. Agile Coach, Systems Coach, Kanban Coach Professional, OKR Coach Professional. Coach Ontológico con certificación ICF Level 2 y máster en Coaching Ontológico Avanzado.
Esa formación me dio dos de las tres miradas con las que trabajo: la del observador —cómo cada persona interpreta y decide— y la del sistema —la red de relaciones donde ese líder opera. La tercera no se estudia: se vive. Y viene de haber ocupado, durante más de veinte años, la silla del que decide.
Pero hay un hilo que es anterior a todo eso.
Desde joven acompañé a personas en momentos de decisión importante. Fui profesor de catequesis y acompañé a jóvenes que terminaban el colegio en su discernimiento vocacional, ayudándolos a explorar las fuerzas que se ponen en juego cuando alguien elige qué hacer con su vida. Esa fue mi primera escuela de escucha y de respeto por el proceso del otro.
Décadas después, hago esencialmente lo mismo. Con otro contexto, otro nivel de complejidad y otras herramientas. La esencia no cambió: acompañar a una persona a observar mejor para decidir mejor.